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Verifican la reducción del riesgo de demencia mediante entrenamiento cognitivo con seguimiento de veinte años
Alzheimer's & Dementia: Translational Research and Clinical Interventions Filadelfia, EE.UU. 08 Abril, 2026

Los adultos de 65 años o más que completaron cinco a seis semanas de entrenamiento de velocidad cognitiva con sesiones de seguimiento de uno a tres años, tenían menos probabilidades de ser diagnosticados con demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer.

El artículo publicado en la revista Alzheimer's & Dementia: Translational Research and Clinical Interventions * analiza los beneficios a largo plazo de tres tipos de entrenamiento cognitivo (memoria, razonamiento y velocidad de procesamiento) y los compara con un grupo de control que no recibió práctica alguna.
Los autores examinan si el impacto en el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias difería según el dominio específico del entrenamiento inicial, si el diagnóstico difería por las sesiones de refuerzo y si la edad de inicio del entrenamiento cognitivo implicaba un impacto diferencial en el riesgo de diagnóstico de las demencias.

La demencia afecta en algún momento de su vida al 42 % de los adultos mayores de 55 años. La prevalente enfermedad de Alzheimer representa el 60 % a 80 % de los casos, mientras que la demencia vascular del 5 % al 10 %; otros tipos incluyen la demencia por cuerpos de Lewy, la frontotemporal o combinaciones.

Trascendencia de ACTIVE 
El estudio Entrenamiento Cognitivo Avanzado para Ancianos Independientes y Vitales (ACTIVE, por sus siglas en inglés), financiado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de EE.UU., constituye el único ensayo clínico aleatorizado que evaluó la demencia en un período de 20 años. El ensayo controlado aleatorizado, multicéntrico, simple ciego, de cuatro brazos en una muestra de 2.802 personas, reclutada desde marzo de 1998 hasta octubre de 1999, en seis ciudades de EE.UU.
Los adultos inscriptos en tres grupos de entrenamiento cognitivo, recibieron hasta 10 sesiones de 60 a 75 minutos llevadas a cabo durante cinco a seis semanas. Además, la mitad participó en un máximo de cuatro sesiones adicionales o refuerzos durante 11 y 35 meses a continuación del entrenamiento cognitivo inicial.

El seguimiento de 20 años permitió descubrir que 105 (40%) de los 264 integrantes del grupo de entrenamiento de velocidad con potenciadores fueron diagnosticados con demencia. La cifra implicó una reducción del 25% de incidencia en comparación con los 239 (49%) del grupo de control compuesto por 491 adultos. Los datos corresponden a la única intervención con diferencia estadística significativa respecto al grupo de control.

Para alcanzar sus hallazgos, los investigadores revisaron datos de Medicare de 1999 a 2019. Los participantes del seguimiento exhibieron características similares a las del ensayo original: tres cuartas partes mujeres, 70 % blancos y, al inicio del estudio, edad promedio de 74 años. Durante el período de seguimiento, falleció alrededor del 75%  (edad promedio de 84 años). 

Luego de afirmar que el entrenamiento de velocidad acelerada guarda relación con un menor riesgo de demencia al cabo de dos décadas, los autores resaltan el notable resultado a largo plazo de la que consideran "modesta intervención no farmacológica". Destacan también el impacto de los retrasos de la demencia en la salud pública en la medida que reducen los costos de la atención médica. 

Las aseveraciones son acompañadas por la convocatoria a efectuar estudios adicionales que contribuyan a la comprensión de los mecanismos subyacentes que ayuden a explicar las asociaciones y las causas por las que ilas ntervenciones de razonamiento y memoria carecieron de ellas en un período extenso.

Continuidad de la investigación
Los hallazgos del seguimiento a 20 años amplían la investigación previa del ensayo ACTIVE dedicado al análisis de los diferentes tipos de entrenamiento cognitivo en adultos para mejorar las tareas cotidianas involucradas con pensar, recordar, razonar y tomar decisiones rápidas hasta por cinco años. 
Diez años después los tres brazos de entrenamiento también quedaron vinculados a mejores resultados con la función diaria; por ejemplo, quienes completaron el de velocidad tuvieron una incidencia 29% menor en comparación con el grupo de control. Además, cada sesión de refuerzo también ocasionó incrementos en las reducciones del riesgo.

Los autores explican que el entrenamiento de velocidad pudo haber sido particularmente efectivo porque el programa adaptaba el nivel de desafío a la capacidad diaria de rendimiento de cada participante. Las personas que al principio eran más rápidas pasaron de inmediato a desafíos superiores de velocidad y las que necesitaban más tiempo comenzaron con niveles más lentos. 

Los programas de memoria y razonamiento no eran adaptativos; razón por la cual todo el grupo aprendió las mismas estrategias. El entrenamiento de velocidad impulsa el aprendizaje implícito (más parecido a un hábito o habilidad inconsciente), mientras que los de la memoria y razonamiento impulsan el aprendizaje explícito (más parecido al aprendizaje de hechos y estrategias). 
Los resultados observados con la demencia en el análisis actual son conocidos debido a que el aprendizaje implícito funciona de manera muy diferente al explícito. 

Aunque los autores aclaren que sus hallazgos respaldan el desarrollo y perfeccionamiento de intervenciones de entrenamiento cognitivo para adultos mayores, en particular aquellos centrados en el procesamiento visual y las habilidades de atención dividida, reconocen la posible incorporación del entrenamiento cognitivo a las intervenciones para retrasar la aparición de la demencia. Asimismo, también señalan que el entrenamiento de velocidad puede complementar sinérgicamente otras intervenciones en el estilo de vida que fortalezcan las conexiones neuronales, fenómeno cuya confirmarción precisa nuevas investigaciones. 

El estudio menciona actividades asociadas a un menor riesgo de deterioro cognitivo; entre ellas destaca: apoyar la salud cardiovascular, el control de la presión arterial, la glucemia, el colesterol, el peso corporal y la actividad física regular. 

 

* Alzheimer's & Dementia: Translational Research and Clinical Interventions
Impact of cognitive training on claims-based diagnosed dementia over 20 years: evidence from the ACTIVE study
Norma B. Coe, Katherine E. M. Miller, Chuxuan Sun, Elizabeth Taggert, Alden L. Gross, Richard N. Jones, Cynthia Felix, Marilyn S. Albert, George W. Rebok, Michael Marsiske, Karlene K. Ball, Sherry L. Willis
9 de febrero
https://doi.org/10.1002/trc2.70197

Nota aSNC:
Estudio financiado por subvenciones de los NIH del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento. El ensayo ACTIVE original contó con subvenciones de centros NIH como los Institutos de Investigación de Nueva Inglaterra; las universidades de Indiana, Johns Hopkins, Alabama y las estatales de Pensilvania y Wayne/Florida.

 

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