La enfermedad de Alzheimer de inicio temprano aparece precedida por un perfil reconocible de comorbilidades como lesiones cerebrales, trastornos vinculados con el alcohol, delirium, alteraciones tiroideas y epilepsia, en especial, manifestadas durante los cinco años previos al diagnóstico. La mayor frecuencia de consulta de los servicios de salud en el quinto año podría facilitar la detección oportuna.
El artículo que publica la revista Alzheimer’s & Dementia * analiza si las comorbilidades y el uso de servicios asistenciales difieren entre quienes reciben más tarde el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer de inicio temprano (EAIT) con los controles de igual edad y sexo.
Los investigadores compararon tres intervalos previos al diagnóstico (de 1 a 5, de 6 a 10 y de 11 a 15 años) para evaluar la evolución anual de las consultas.
Un subtipo postergado
La enfermedad de Alzheimer constituye la causa más frecuente de demencia neurodegenerativa con el 60% a 70% de los casos. La edad, el sexo femenino y la presencia de al menos un alelo ε4 de la apolipoproteína E figuran entre sus principales factores de riesgo.
Los factores de riesgo cardiovascular y los hábitos poco saludables muestran asociación con la forma de inicio tardío. Un menor nivel educativo, por su parte, eleva la susceptibilidad tanto a la variante temprana como a la tardía.
La EAIT, definida por el comienzo de los síntomas antes de los 65 años, representa hasta el 10% de los casos de Alzheimer. Difiere de la forma tardía por una mayor proporción de presentaciones atípicas y una evolución más agresiva. Los pacientes sobreviven menos y esperan pmás tiempo el diagnóstico: un promedio de 41,8 meses, frente a 30,6 meses en la variante tardía. Algunos datos sugieren, asimismo, una menor carga de enfermedades concomitantes.
El perfil de comorbilidades de la EAIT sigue, sin embargo, poco caracterizado, y apenas un puñado de trabajos abordó la cuestión. La mayor parte de la investigación sobre demencia privilegió la forma tardía y su vínculo con la hipertensión, la dislipidemia y el síndrome metabólico.
Registros nacionales finlandeses
Los autores identificaron a la totalidad de los pacientes derivados entre 2010 y 2021 a las clínicas de memoria de los hospitales universitarios de Oulu y Kuopio, Finlandia, centros para la demencia temprana de referencia regional. La revisión de las historias clínicas confirmó 407 casos de EAIT diagnosticados hasta los 65 años, con una edad media de 60,6 años.
Un organismo estatal seleccionó al azar 4035 controles sin enfermedad neurodegenerativa, de igual edad, sexo y región. Los registros sanitarios nacionales aportaron 23 categorías de diagnósticos previos y el número anual de consultas.
Las mayores diferencias surgieron en los cinco años anteriores al diagnóstico. Los pacientes presentaron con más frecuencia vértigo, depresión, cefalea, delirium, lesiones cerebrales, trastornos tiroideos, problemas relacionados con el alcohol, epilepsia, eventos cerebrovasculares y enfermedades otorrinolaringológicas. La depresión, por ejemplo, alcanzó el 5,7%, frente al 2,3% en los controles.
Solo las enfermedades otorrinolaringológicas, que incluían acúfenos e hipoacusia neurosensorial bilateral, persistieron entre 6 y 10 años antes, y no hubo diferencias entre 11 y 15 años antes.
La hipertensión y la dislipidemia tampoco difirieron.
Las consultas aumentaron en el año previo al diagnóstico, con un promedio de 3,3 frente a 1,9, y en el del diagnóstico, con 6,3 frente a 2,0.
Señales del pródromo
La ausencia de un exceso de factores de riesgo vascular contrasta con lo descripto para la forma tardía en que la hipertensión favorece el remodelado vascular, la hipoperfusión y la isquemia. Algunos trabajos habían vinculado el colesterol LDL elevado con la EAIT, pero los resultados finlandeses no lo confirman. Los autores interpretan que la EAIT podría tener un perfil etiológico distinto al de la variante tardía.
Las infecciones, entre ellas gastroenteritis, erisipela y neumonía, resultaron más frecuentes en los pacientes, aunque sin significación estadística. Podrían reflejar procesos inmunitarios del período prodrómico, si bien la intensidad diagnóstica también influiría.
Los hallazgos coinciden con la asociación descrita entre traumatismo craneoencefálico, eventoe cerebrovascular y riesgo de Alzheimer. La neuroinflamación, la alteración vascular y una reparación neural deficiente explicarían el vínculo con el trauma neurológico.
La epilepsia, presente en hasta el 40% de los casos de EAIT en otras series, acompaña una progresión más grave; la patología amiloide y los procesos relacionados con la proteína tau serían mecanismos compartidos. El delirium, lejos de causar la enfermedad, reflejaría cambios neurodegenerativos tempranos, de acuerdo con análisis de aleatorización mendeliana.
La depresión podría constituir a la vez un factor de riesgo y un síntoma prodrómico, mientras que el consumo excesivo de alcohol acelera el deterioro cognitivo. Los acúfenos y la hipoacusia de la mediana edad reducirían la reserva cognitiva. El aumento de consultas cerca del diagnóstico reflejaría síntomas inespecíficos, entre ellos cefalea, vértigo o depresión.
Detección temprana
La EAIT, que representa hasta una décima parte de los casos de Alzheimer y sigue una evolución más agresiva, aparece precedida por un patrón reconocible de enfermedades. Las lesiones cerebrales, los trastornos por alcohol, el delirium, las alteraciones tiroideas y la epilepsia predominaron en los cinco años previos al diagnóstico.
Los factores de riesgo cardiovascular, vinculados con la forma tardía, no mostraron mayor prevalencia. El hallazgo sugiere que la variante temprana posee un perfil de comorbilidades propio, distinto al de la enfermedad que comienza después de los 65 años. La demora diagnóstica, cercana a tres años y medio en la EAIT, convierte tales señales en una oportunidad clínica.
El incremento de consultas durante el último año indicaría síntomas prodrómicos y posibles retrasos en el reconocimiento de la enfermedad. Los autores consideran que la identificación de tales patrones podría facilitar una detección precoz y orientar intervenciones específicas. Reclaman, de todos modos, investigaciones longitudinales que aclaren los mecanismos y las relaciones temporales entre las comorbilidades descritas y la patogenia de la EAIT.
Los autores reconocen que su análisis no consideró los riesgos competitivos y solo incluyó a los sobrevivientes de cada intervalo, con posible sesgo de supervivencia. El diseño observacional les impidió inferir causalidad, así como los registros carecían de datos socioeconómicos, genéticos y de estilo de vida, sin verificación independiente de los diagnósticos. Los controles podrían albergar patología preclínica no detectada, y el sistema de salud finlandés limita la generalización.
* Alzheimer’s & Dementia
Comorbidities and health-care use prior to early-onset Alzheimer’s disease: A population-based case–control study
Laura Leppänen, Adolfina Lehtonen, Mikko Aaltonen, Kalle Aho, Ave Kivisild, Abbe Ullgren, Lina Rinnankoski, Helmi Soppela, Annakaisa Haapasalo, Anne M. Portaankorva, Päivi Hartikainen, Kasper Katisko, Eino Solje, Johanna Krüge
8 de octubre, 2026
