Los trastornos hipertensivos del embarazo predominan en el primer parto, mientras que el incremento de la diabetes gestacional en nacimientos posteriores refleja la mayor edad materna y los cambios temporales progresivos, incluido el aumento del índice de masa corporal. Ambas complicaciones representan un indicio de vías etiológicas parcialmente diferentes, más allá de la disfunción cardiometabólica materna compartida.
Dos complicaciones vinculadas
Los trastornos hipertensivos del embarazo (THE) agrupan cuadros caracterizados por presión arterial elevada y disfunción orgánica, capaces de provocar morbilidad grave y muerte perinatal en la madre y el niño. Sus causas exactas permanecen en investigación, aunque abundan pruebas sobre la participación del sistema cardiovascular materno, dado su vínculo con enfermedad cardiometabólica independiente de la gestación.
Los THE podrían constituir un conjunto común de síntomas con múltiples orígenes subyacentes. La hipótesis sugiere agrupar ciertos subtipos de preeclampsia con otras complicaciones obstétricas predictoras de enfermedad cardiovascular materna. La diabetes mellitus gestacional (DMG), aunque no mencionada en la literatura anterior surge entre las candidatas posibles.
La DMG consiste en hiperglucemia de comienzo o primer diagnóstico durante el embarazo y representa la complicación gestacional más frecuente. Las mujeres con THE presentan mayor probabilidad de desarrollarla, y ambos trastornos comparten numerosos factores de riesgo. Paradójicamente, una investigación de 2002 detectó que el riesgo de DMG crecía con el orden de nacimiento, mientras el de THE descendía después del primer parto.
La reacción inmunitaria materna, la fertilidad selectiva y los factores de riesgo crónicos figuran entre las explicaciones propuestas para la mayor frecuencia de THE en primíparas.
Los trabajos que analizan las complicaciones obstétricas en forma transversal, sin considerar el orden de nacimiento, pierden la información referida a la gravedad y la etiología. El riesgo cardiovascular a largo plazo, por ejemplo, aumenta en ciertas madres con THE en el segundo embarazo o posteriores, pero no en el primero. La DMG muestra asociación con la edad y el índice de masa corporal (IMC) maternos, aunque escasean los datos sobre su variación según el orden de nacimiento.
Objetivos del ensayo
El artículo que publica la revista Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica * compara los patrones de DMG y THE según el orden de nacimiento, a la luz de la creciente evidencia sobre la asociación entre ambas complicaciones. La investigación, de carácter descriptivo, define el riesgo de cada trastorno a lo largo del historial reproductivo materno y en función de variables relacionadas con la secuencia de partos: edad materna, año calendario e IMC. Los autores buscan, en definitiva, examinar el vínculo entre THE y DMG desde una perspectiva novedosa.
Registro noruego poblacional
Los investigadores analizaron información longitudinal del Registro Médico de Nacimientos de Noruega, de notificación obligatoria, correspondiente al período enero de 1999 a junio de 2020. Quedaron excluidas las madres con primer parto anterior a 1999, más de cuatro nacimientos, primer alumbramiento no registrado, gestaciones múltiples o diabetes pregestacional.
Los THE incluyeron hipertensión gestacional, preeclampsia, eclampsia y síndrome HELLP; la DMG abarcó el diagnóstico registrado o el uso de antidiabéticos durante la gestación. Los criterios diagnósticos y de cribado de DMG cambiaron en 2017.
La muestra reunió 473.208 madres. La DMG en el primer parto resultó casi dos veces más frecuente en mujeres con un solo hijo en comparación con quienes tuvieron dos a cuatro nacimientos. Las mujeres con más embarazos mostraron un riesgo de DMG creciente según el orden de nacimiento, mientras el de THE descendió después del primero.
La frecuencia de THE superó los 50 casos por 1000 nacimientos en primíparas, sin alcanzar dicho valor en partos posteriores, con independencia de edad, año o IMC. La DMG, en cambio, aumentó con la edad, el año calendario y el IMC en cualquier paridad: a los 40 años alrededor de 60 casos por 1000 nacimientos, hayan ocurrido en el primero, segundo o tercer parto. Menos del 1% de las mujeres presentó ambas complicaciones en el primer embarazo.
Vías no compartidas
Las observaciones iniciales mostraron tendencias opuestas: los THE predominaron en el primer parto y la DMG, en los siguientes. El análisis estratificado reveló, sin embargo, que el riesgo de DMG dependía de la edad materna, el año calendario y el IMC, antes que de la posición termporal del nacimiento. Los THE, por el contrario, mantuvieron su mayor frecuencia en primíparas aun tras considerar las tendencias derivadas del paso del tiempo, en concordancia con hallazgos previos.
El IMC elevado constituye un factor de riesgo compartido, y su valor pregestacional aumentó en Noruega durante el período analizado. Investigaciones anteriores sugirieron que la disfunción metabólica que conecta ambos cuadros obedece en gran medida a la confusión por el IMC.
Los autores coinciden en que la coexistencia de las dos complicaciones podría expresar alteraciones metabólicas subyacentes y una mala adaptación cardiovascular materna. Conviene no descuidar, advierten, los mecanismos que diferencian ambas entidades. La presencia simultánea de THE y DMG resultó infrecuente. Un subtipo hipertensivo podría aparecer con mayor probabilidad en embarazos posteriores, quizá por mala adaptación cardiovascular, mientras otro predominaría en el primero, con factores de riesgo distintos de los diabéticos.
Las familias noruegas suelen tener dos o tres hijos, y las madres de hijo único integran un grupo con peores resultados de salud. Los datos confirmaron que las mujeres con THE en el primer embarazo terminan más a menudo con un único descendiente; también hubo menos segundas gestaciones tras una DMG inicial.
Trabajos previos no respaldaron que la paridad modifique por sí misma la resistencia a la insulina. Algunos vínculos entre DMG y menor fertilidad podrían existir, aunque los resultados refuerzan el peso de la edad materna: quienes comienzan su vida reproductiva tardíamente tienen menos hijos por el fin natural de la etapa fértil. La decisión consciente de evitar otro embarazo tras una experiencia complicada también explicaría el fenómeno.
Distintas vías etiológicas
Los THE, caracterizados por hipertensión y disfunción orgánica con potencial morbilidad grave y mortalidad perinatal, muestran un riesgo mayor en el primer embarazo. La DMG, hiperglucemia de inicio o primer diagnóstico gestacional y complicación obstétrica más frecuente, aumenta en nacimientos posteriores, aunque dicho ascenso obedece al incremento de la edad materna y a los cambios relacionados con el período de tiempo, entre ellos el aumento del IMC.
El hallazgo aclara la paradoja descrita en 2002, cuando el riesgo de DMG crecía con el orden de nacimiento mientras el de THE disminuía tras el primer parto. La curva ascendente de la diabetes reproduce, en realidad, la evolución de variables cronológicas; la tendencia hipertensiva, en cambio, persiste al controlarlas.
Los resultados respaldan la hipótesis de que los THE reúnen síntomas comunes con orígenes múltiples, algunos ligados a la disfunción cardiometabólica materna. Ambos trastornos comparten factores de riesgo y podrían reflejar, cuando coexisten, una mala adaptación cardiovascular. Las diferencias en la relación con el orden de nacimiento y con las tendencias cronológicas sugieren, sin embargo, mecanismos etiológicos parcialmente distintos.
Los autores subrayan la utilidad de analizar las complicaciones a lo largo de la historia reproductiva completa, en lugar de tratarlas como episodios transversales aislados. El enfoque de embarazos sucesivos aporta información sobre gravedad y etiología, con posibles implicaciones para estimar el riesgo cardiovascular materno a largo plazo.
Los autores reconocen las limitaciones de su investigación:
los historiales reproductivos podrían resultar incompletos en mujeres con primer parto cercano al final del período analizado;
el aumento de DMG anterior a 2017 sugiere un posible subdiagnóstico previo, con estimaciones imprecisas del riesgo real;
la información sobre IMC, recién disponible desde 2006, presentó cobertura inicial limitada;
los registros tampoco consignan el momento de aparición de las complicaciones, dato relevante para graduar su gravedad.
* Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica
Hypertensive disorders of pregnancy and gestational diabetes mellitus by birth order: A descriptive study across lifetime reproductive history
Sage Wyatt 1, Linn Marie Sørbye 2,3, Liv Grimstvedt Kvalvik 1, Aditi Singh 1, Rolv Skjærven 1,4
7 de octubre, 2026
Filiación de las autoras y autores:
1- Department of Global Health and Primar y Care, University of Bergen, Bergen, Noruega
2- Faculty of Health and Social Sciences, Western Norway University of Applied Sciences, Bergen
3- Department of Obstetrics and Gynecology, Haukeland Universit y Hospital, Bergen
4- Norwegian Institute of Public Health, Center for Fertility and Health, Oslo, Noruega
