Ilustración artística: Claudia Isabel Hernández Ríos, Comiendo hamburguesa, lápiz sobre papel, 2011.
Los hombres finlandeses de mediana edad con mayor consumo de proteínas totales y de origen animal presentaron menores concentraciones de testosterona total y de globulina fijadora de hormonas sexuales (SHBG, siglas en inglés); la proteína vegetal, en cambio, mostró asociaciones positivas modestas.El artículo que publica la revista International Journal of Food Sciences and Nutrition * analiza la relación de las concentraciones de testosterona total, testosterona libre y SHBG, tanto en la ingesta total de proteínas como la provista por fuentes animales y vegetales.
El estudio aspira a cubrir la escasa evidencia sobre el vínculo entre las proteínas dietéticas y los andrógenos circulantes en varones de mediana edad, especialmente con la distinción del tipo y origen del nutriente consumido.
Dieta y andrógenos
La edad avanzada, el índice de masa corporal elevado, el consumo de alcohol, el tabaquismo y la actividad física insuficiente constituyen determinantes reconocidos de la testosterona, aunque crece el interés por el papel de la alimentación en la regulación hormonal masculina. Las últimas décadas mostraron en los patrones dietéticos occidentales un aumento en la ingesta de proteínas, grasas y energía total, con mayor consumo de azúcares y carbohidratos refinados, en coincidencia temporal con descensos poblacionales de la testosterona sérica masculina. Aunque la superposición no permite establecer causalidad, justifica examinar qué relación guarda la dieta con la testosterona circulante, puesto que tanto las grasas como los carbohidratos mostraron vínculos con las hormonas sexuales, mientras las proteínas recibieron menor atención científica.
Algunas evidencias sugieren que las dietas muy ricas en proteínas, con más de 3,4 g diarios por kilogramo de peso, podrían disminuir la testosterona, mientras la adecuada nutrición y disponibilidad energética resultan necesarias para mantener valores normales. El interés clínico deriva de los vínculos entre la testosterona baja y la disfunción sexual, la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico; sin embargo, los estudios sobre alimentos proteicos y patrones dietéticos hasta el momento ofrecieron resultados dispares.
Un amplio trabajo transversal británico no halló asociaciones sólidas entre los factores dietéticos y la testosterona, mientras que la carne total no se relacionó con las hormonas reproductivas en jóvenes españoles; los veganos, por su parte, mostraron más SHBG y testosterona total. La comparación con omnívoros no reveló diferencias relevantes en la testosterona libre calculada; la proteína de soja, antes sospechada por sus isoflavonas, no demostró efectos reductores, en tanto que el pescado magro podría vincularse con mayores concentraciones de testosterona.
Particularidades de la cohorte
Los datos provinieron del estudio Kuopio Ischaemic Heart Disease Risk Factor (KIHD) que entre 1984 y 1989 evaluó una cohorte compuesta por varones de 42, 48, 54 y 60 años, habitantes de Kuopio, Finlandia oriental, y alrededores.
El análisis final comprendió a 2.546 hombres, con ingesta alimentaria registrada durante cuatro días mediante un registro fotográfico de porciones, mientras que la testosterona total y la SHBG surgieron de inmunoensayos en muestras de sangre obtenidas en ayunas.
La testosterona libre, calculada a partir de ambos marcadores, recibió un tratamiento suplementario; los modelos multivariados contemplaron la edad, el año de examen, la energía, el alcohol, el tabaquismo, el índice de masa corporal, la educación, la actividad física y diversos componentes dietéticos.
La ingesta media de proteínas alcanzó 93 g diarios, siendo un 70% de origen animal; comparado con el cuartil inferior, el superior de proteína animal mostró 1,2 nmol/l menos de testosterona total y 3,0 nmol/l menos de SHBG.
El cuartil más alto de proteína vegetal, por el contrario, exhibió 1,1 nmol/l más de testosterona total y 3,0 nmol/l más de SHBG; los lácteos y los fermentados se asociaron con valores inferiores de ambos marcadores, sin tendencias significativas para huevos ni pescado.
La testosterona libre resultó menor con un cociente elevado entre proteína animal y vegetal, aunque mayor con la proteína vegetal no proveniente de cereales. En modelos de sustitución isocalórica, el reemplazo de la proteína láctea baja en grasa por vegetal se asoció con mayor SHBG.
Alcance de los hallazgos
La relación inversa entre la proteína total y la SHBG coincide con el Massachusetts Male Aging Study, donde cada desviación estándar adicional de ingesta, equivalente a 30,2 g diarios, fue acompañada de una SHBG aproximadamente 2,8% menor tras ajustar por múltiples variables.
Los nuevos datos amplían dicha observación al mostrar vínculos inversos con la SHBG y la testosterona total dentro de un rango habitual de consumo, desde una mediana de 78,5 g diarios en el cuartil inferior hasta 109,4 g en el superior.
Las fuentes proteicas son interdependientes y reflejan patrones dietéticos amplios. La proteína total mantuvo correlación con la animal que mostró correlación inversa con la vegetal, razón por la cual las sustituciones brindan una lectura nutricional más directa.
La mayoría de las estimaciones careció de significación estadística; el único hallazgo significativo, vinculado con los lácteos bajos en grasa, merece cautela en vista de la cantidad de sustituciones examinadas en los análisis.
Las diferencias podrían obedecer, en parte, a la composición nutricional asociada con cada fuente: los vegetales aportan más fibra, carbohidratos y ácidos grasos insaturados, mientras que los alimentos animales suministran mayor cantidad de grasas saturadas y colesterol. El ajuste por fibra, frutas, bayas, verduras, distintos tipos de grasas y factores metabólicos y de estilo de vida torna improbable que las diferencias expliquen por completo las asociaciones observadas en la cohorte.
La inflamación sistémica podría actuar como mediadora, ya que la proteína C reactiva elevada se vinculó con menor testosterona total y SHBG, mientras que estudios experimentales respaldan un efecto inhibitorio de la señalización inflamatoria sobre la secreción de testosterona. Un índice inflamatorio dietético alto se asoció con mayores probabilidades de déficit de testosterona, mientras que la proteína vegetal mostró vínculo con menor proteína C reactiva.
La SHBG, producida principalmente en el hígado, podría responder a la regulación metabólica; las proteínas animales y vegetales difieren en composición de aminoácidos, digestibilidad, biodisponibilidad y velocidad de vaciamiento gástrico, mientras que las primeras podrían inducir mayor insulinemia posprandial.
Las asociaciones paralelas de ambos biomarcadores podrían reflejar el papel de las proteínas transportadoras, dado que la testosterona total incluye la fracción libre y la unida a SHBG y albúmina; una SHBG baja reduciría el valor medido sin implicar menor producción hormonal.
Consideraciones finales
Los varones estudiados mostraron un patrón coherente:
el predominio de la proteína animal en la dieta acompañó niveles circulantes más bajos de testosterona total y SHBG, en tanto la mayor presencia de fuentes vegetales coincidió con valores algo superiores. Los vínculos, observados en un rango de consumo proteico habitual y lejos de las dietas hiperproteicas, adquieren interés frente al descenso poblacional de la testosterona masculina y a sus nexos con la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico.
La interdependencia de las fuentes proteicas y el diseño transversal obligan a interpretarlos como asociaciones con biomarcadores; en consecuencia, próximos trabajos longitudinales y de intervención bien controlados, con medidas directas del metabolismo androgénico, deberían esclarecer la causalidad para replicación en otras poblaciones.
Los autores reconocen las limitaciones de su estudio:
el diseño transversal, que impide inferir causalidad;
la posible confusión residual;
cierta multicolinealidad para la proteína de carnes procesadas;
registros de cuatro días que quizá no capten alimentos de consumo episódico, como pescado o huevos;
la determinación hormonal en un único momento;
la testosterona libre calculada, no medida;
el riesgo de error de tipo I por la cantidad de exposiciones;
la ausencia de marcadores directos del metabolismo androgénico y
la muestra poblacional de una única región caucásica.
* International Journal of Food Sciences and Nutrition
Associations of dietary proteins with serum total testosterone and sex hormone-binding globulin concentrations in middle-aged men
Miika M. Wynne-Ellis ,Heli E. K. Virtanen ,Elizabeth Bertone-Johnson ,Sari Hantunen ,Tomi-Pekka Tuomainen ,Jukka T. Salonen, Jyrki K. Virtanen
9 de septiembre, 2026
Filiación del primer autor:
Institute of Public Health and clinical nutrition, University of Eastern Finland, Kuopio, Finlandia.
